Ayer martes 8 de septiembre, conocimos la baja generalizada de los resultados PISA en nuestros países, y particularmente en Chile. Los expertos nos están ayudando a desmenuzar los datos para entender sus causas. La pandemia con el encierro, las menos horas de educación, la baja en la calidad y en las posibilidades reales de aprendizajes significativos al trabajar a distancia en los colegios, aparece como una razón. El creciente y ya enviciante apego a las pantallas aparece como otro factor de incidencia.
Es un problema real del que, principalemente, gobiernos, sostenedores y equipos directivos y docentes de los colegios, deben hacerse cargo, para que las familias y otras organizaciones nos pongamos al servicio de una nueva ruta que procure el desarrollo de nuestras sociedades. Es lo que muestran diversas autoridades, como el Ministerio de Educación de Chile. Pero ese no es el foco de mi reflexión en este momento.
En otra vereda del acontecer, hoy nos levantamos con la noticia de que el desarrollador de IA Jacob Coxon, quien había renunciado hace un tiempo a OpenAI preocupado por -según él- la irresponsabilidad de la empresa en desarrollar sin mirar consecuencias negativas, vuelve a renunciar, ahora a Anthropic, acusando el mismo fenómeno. A sus 27 años, señala que en el caso de su nuevo exempleador, si bien se sabe de los efectos negativos que puede introducir el uso sin control de la IA, la carrera por llegar antes no los detiene. Así, sentenció en X que la IA puede matarnos antes de 2030.
El País suma que el exjefe de Coxon, Evan Hubinger, apoya, aunque con con matices, su apreciación. Según Hubinger, si bien los sistemas actuales no son una real amenaza, estima que el desarrollo de la súperinteligencia sí podría serlo y el riesgo de muerte de todos es superior al 10%.
Tampoco me quiero referir directamente a lo que puede implicar este nuevo apocalipsis que se nos anuncia, ahora para el 2030 o años más, años menos. Como antes fue el 2000, el 2012 como fechas arbitrarias, o luego de terribles hitos mundiales como la más reciente pandemia de Covid-19.
Conecto ambas noticias desde otra perspectiva.
La inteligencia artificial es candidata a ser una muy buena herramienta al servicio de las inteligencias humanas. Quienes hemos trabajado en disponer de soluciones de inteligencia artificial generativa para fortalecer el proceso de enseñanza y aprendizaje, y que hemos visto los potenciales efectos positivos y negativos de que estudiantes y docentes de distinto nivel usen IA a su discreción, hemos aprendido que hay algunas habilidades con las que se debe contar para hacerlo bien.
La principal gracia con que nos sorprendió OpenAI y su ChatGPT a fines de 2022 es que la inteligencia artificial generativa nos permite conversar en lenguaje natural con "las máquinas" y obtener justamente en ese mismo lenguaje, resultados sorprendentes, rápidos y a bajísimo costo (incluso gratuitamente). Hablar bien, en consecuencia, se transforma en un primer requisito para sacar real partido. Es cierto que independiente de como se hable se obtendrán resultados. Pero tambén es cierto que mientras mejor se hable, mejores salidas se obtienen.
¿Y cómo saber que los resultados son buenos o no? No solo en como esán escritos sino el qué dicen, en su corrección y pertinencia. Un desarrollado pensamiento crítico es necesario para analizar, interpretar y validar, o no, y pasar a editar, complementar, mejorar y usar.
Quien no sabe hablar adecuadamente, no escribirá buenas instrucciones (prompts). Quien no posee pensamiento crítico no podrá cuestionar los resultados y los usará sin más. Un texto, una tabla, una imagen o un video serán resultados exitosos casi solo por casualidad en ausencia de esas capacidades humanas.
Una IA cada vez más poderosa, debiera ilusionarnos con más y mejores resultados a nuestro favor. Sin embargo, si las competencias básicas de nuestros escolares van en retroceso, la brecha aumenta y aumentará, e incluso entre personas mejor preparadas y aquellos que no. Una nueva falta de alfabetización se seguirá incrementado. Más inequidad. Bueno, si seguimos existiendo para vivirlo (mala broma)...
No se trata de pesimismo, sino que de una alerta para que volvamos la mirada a la educación infantil, preescolar y escolar, de modo de reparar muchas brechas que ya teníamos y que ahora constatamos que profundizamos, y con desafíos nuevos.
Esta tarde también, me he enterado que se aprobó incorporar ajedrez en el currículum escolar chileno. Suena bien, pero mi primer pensamiento fue "pobres directivos de colegio", otro "contenido" que sumar junto a tantos otros... Bienvenido si logramos que se haga bien y aporte al pensamiento crítico. Si no...
¡Vamos por mejoras sustantivas a la educación de nuestros niños y jóvenes! Y a seguir bregando por orientar y sacar buen partido a la inteligencia artificial en lo que como ciudadanos nos corresponde y está a nuestro alcance. Hagamos votos porque políticos, científicos y empresarios de la IA hagan lo correcto, aunque quizás eso sea una tarea más titánica aún que la educación.
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