Las clases telepresenciales o vía plataforma de conferencias web, más
allá de ser hoy la regla para enfrentar las restricciones de la pandemia, son
una especial solución para interesados en estudiar educación superior y que
presentan ciertas características de gustos o capacidades personales para los
que las modalidades presencial, online o semipresencial tradicional no les
satisfacen.
No todos somos iguales ni buscamos las mismas condiciones para estudiar una carrera técnica o profesional. Así, es relevante que las instituciones de educación superior busquemos formatos que entreguen opciones que incluyan a la mayor cantidad de segmentos de población.
Hay quienes no pueden acceder a instituciones en la localidad en que
residen, que teniéndola no tienen la carrera de elección, o que no quieren o no
pueden desplazarse o circular en horario nocturno o que, al menos por algún
tiempo, no querrán contactos físicos. Y que a la vez necesitan de horarios
estructurados para optimizar su autogestión y su disciplina, que anhelan
compartir con otros en tiempo real, y que, por sus estilos de aprendizaje
predominantes, son más propensos a experiencias orientadas a ver y escuchar en
instancias en vivo. Mientras las primeras características les llevarían a
elegir experiencias de aprendizaje online, las segundas les inclinarían por las
presenciales físicas o tradicionales. Quienes presentan este perfil u otros
similares, encontrarán en las experiencias de telepresencia desde sus hogares o
lugares de trabajo, una buena combinación para satisfacer lo que andan
buscando.
Para quienes han dejado de estudiar hace varios años, también la
telepresencia les facilita su inserción, dada su similitud formal con las
clases como las conocen habitualmente, como fue el colegio o experiencias
previas de capacitación o educación superior.
Habida cuenta de esta oportunidad de atender a un segmento de población
de mucho mejor manera con la telepresencialidad que con la modalidad presencial
o la modalidad online tradicionales, cada una perfectamente adecuada para otros
segmentos, las instituciones de educación superior debemos tener en cuenta que
no se trata solo de un medio distinto de hacer lo mismo que hacemos en la
presencialidad, habida cuenta de la sincronía de ambas, sino que –y como suele
aparecer en estas conversaciones- de exigencias metodológicas distintas y
diferencias mucho más de fondo.
La telepresencialidad es una oportunidad para atender un segmento de población que no se siente completamente satisfecho ni con la presencialidad ni con la modalidad online.
En el Instituto Profesional AIEP hemos entendido que la telepresencia
multipunto o en casa de los estudiantes, es una oportunidad para ellos, así
como para nosotros para ofrecerles mejores opciones académicas tales de lograr
sus estudios, su aprendizaje, su satisfacción y su título técnico o
profesional.
En la admisión 2020 para inicio de clases en agosto, ofrecimos varias
carreras a dictarse en telepresencia, con una primera buena aceptación. A la
fecha, esta primera experiencia ha ofrecido buenos indicadores académicos, y
hemos replicado esta alternativa en la admisión 2021 para marzo, con excelentes
resultados de matrícula en 22 carreras.
Así como supimos ver que la telepresencia representa una oportunidad,
hemos entendido tempranamente –ya en 2018 cuando tuvimos el primer diseño para
una telepresencia entre sedes, la que comenzó en marzo de 2019 entre Puerto
Montt y Castro, bidireccionalmente- que teníamos diversos desafíos de contexto
y de metodología, preparando capacitaciones y documentación para el ejercicio
de la docencia en telepresencia.
Sabemos que docentes principalmente, pero también los estudiantes y por
supuesto, los gestores, debemos tener en cuenta aspectos de contexto
tecnológico y ambiental, metodología comunicacional y conocimiento de las
potencialidades de las soluciones y herramientas tecnológicas usadas, todo al
servicio de una renovada y ad-hoc metodología pedagógica que aborda cómo
realizar las clases y cómo llevar a cabo la evaluación de aprendizajes y la
retroalimentación a los estudiantes.
La telepresencia, como otros formatos o variantes de las modalidades, exige consideraciones propias con foco en la metodología pedagógica.
Durante 2020 y 2021 hemos realizado en AIEP, formación institucional de
nuestro cuerpo docente para realizar una debida telepresencia. Particularmente,
varios ciclos de webinars. Dentro de ese programa, he tenido el
privilegio de realizar unas cuantas versiones de una charla que trata de parte
de lo que debemos tener en cuenta. Entre ello, elementos de contexto
tecnológico y ambiental, los que compartiré en una próxima columna.
Creemos firmemente que la telepresencia llegó -o volvió, ya que hace
veinte años hubo algunas experiencias (recuerdo a la Universidad La Salle) que
probablemente no continuaron porque las exigencias sobre Internet eran menos
llevables en esos años- para quedarse, complementando las opciones para una
oferta académica cada vez más inclusiva de diversos segmentos de población. Y
siempre, pero siempre, desarrollando cada opción en su propio mérito
metodológico. Ninguna es mejor que otra en abstracto, depende de a quién
atiende y qué desarrolla.

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